Contaminación en el aire

Podemos decir que cualquier sustancia que el ser humano introduzca en la atmósfera contribuye a la contaminación en el aire, lo cual tiene un efecto perjudicial sobre los seres vivos y el ambiente.

El dióxido de carbono es una de estas sustancias. Es un gas de efecto invernadero, y por lo tanto, el contaminante que está causando en mayor medida el calentamiento global. No nos referimos al dióxido de carbono que emitimos los seres vivos al respirar, sino a la emisiones de los automóviles, aviones, centrales eléctricas y actividades que requieren el uso de combustibles fósiles, como la gasolina y el gas natural.

¿A qué llamamos combustibles fósiles? Básicamente al petróleo, al carbón y al gas natural. Es decir, que son combustibles que se originaron por la descomposición parcial de materia orgánica hace millones de años, son recursos de energía no renovables porque requieren otros millones de años para su formación de manera natural.

Entonces, para lograr la reducción de emisiones de dióxido de carbono se cuenta desde hace años con un amplio conjunto de propuestas en el campo del ahorro energético, las energías renovables o los estilos de vida y consumo. Muchas de estas ideas ya han sido probadas y han demostrado su viabilidad y eficacia, pero no se aplican de forma generalizada.

La mayoría de los ciudadanos consideran al cambio climático como un problema grave que necesita solución, sin embargo, éste siempre queda al final de la lista de preocupaciones de los gobiernos. Las políticas para reducir la contaminación del aire pueden proporcionar beneficios para la salud en enfermedades que están directamente relacionadas, e indirectamente por la reducción de los efectos del ozono y del carbono negro sobre el clima extremo y la producción agrícola (que afecta a la nutrición y la seguridad alimentaria).

¿Qué podemos hacer desde nuestro lugar como ciudadanos?

La contaminación ambiental no reconoce límites ni fronteras políticas. Cada persona es un ciudadano del mundo y puede contribuir al mismo con pequeños cambios en los actos de su vida cotidiana. A nivel individual, se pueden modificar simples hábitos, como reducir el uso de los automóviles ó dejar de desechar a la basura todo lo que ya no utilizamos para comenzar a reciclar, por ejemplo. Estas sencillas medidas contribuyen a que se reduzca la huella de carbono de cada persona, es decir, la cantidad de dióxido de carbono que se libera a la atmósfera por nuestras acciones particulares.

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